Soy un mono citadino

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Nací en la Ciudad de México a mediados de los ochentas en una de las delegaciones limítrofes de la ciudad, el aire estaba menos contaminado, las televisiones apenas empezaban a tener control remoto y aún existían las cajitas Sonrics.

Dicen los adultos que la vida era más fácil, pero es algo que las generaciones más arriba siempre dicen, no podría corroborar o desmentir esta versión, sin embargo recuerdo que teníamos más momentos en familia.

Pasó el tiempo y fuimos cambiando de casa, de rumbos, de escuelas, de amigos, costumbres, etc., y nunca dejó de sorprenderme la capacidad que tiene la ciudad de ofrecer a sus habitantes los medios necesarios para adaptarse.

A donde quiera que íbamos encontrábamos negocios de todos los estilos, lugares en dónde comer, en donde comprar las cosas necesarias para nuestro hogar, siempre estuvimos resguardados por el cobijo de la ciudad.

Esto no significa que, de vez en cuando no disfrutemos de una pequeña escapada a un campo, pueblo, bosque o playa, sin embargo, como todo mono citadino, después de unos días necesitamos volver a nuestro hábitat para recuperar las energías.

Como sea y para donde sea que estemos moviéndonos, dentro de la ciudad siempre nos hemos sentido cerca de todo.